
Llevábamos dos horas en la entrada de tu casa y no mencionábamos ni una sola palabra...
apenas se cruzaban nuestras miradas y las risas ya no marcaban presencia.
(...Como pretendía soltar ese silencio que anudaba mi garganta!, ahora el corazón...)
Sin previo aviso me levante y me alejé de tu lado... sólo para pensar bien las cosas y dejar a un lado este enredo.
Me seguías con tu mirada atenta a cualquier movimiento, mi corazón latía a mil por hora, sentía que iba a saltar de mi pecho. Me sudaban las manos, me temblaban los labios... y las palabras no querían asomarse por mi boca.
Tu solo fingías tranquilidad y esquivabas cualquier llamado de atención que te diera el tiempo que adornaba nuestro entorno. Por fín me decidí a hacerte saber mi secreto...
(...Como le haré para dejarlo salir!, como le hago para que no se valla...)
Tomé tus manos cálidas y miraste de reojo mis labios, para ver que sorpresa saldría.
Tomé un respiro y dejé salir lo que tanto escondía.-
- Que va, para ir sin rodeos, sólo mira nuestras manos...
- Las veo...
- Lo siento, no puedo...
- Dale, dilo, sabes que estoy aquí para escuchar lo que me tengas que decir.
- Será que tengo miedo de decirlo porque me da terror perderte... o, porque somos amigas.
- Da igual, sabes que sea lo que sea no me perderás.
Una simple pero sincera mirada me hizo el favor de hacerte llegar mi mensaje, ya no era sólo yo.