anidado en un par de pupilas,
tus letras aburridas transpiran amnesia,
escondida y muda.
Debajo de su piel emociones vacilan,
la dejan desnuda.
La vida se pasa corriendo tras capas de aire
en la habitación,
congelas cada palabra, la borras, la extrañas,
delirias pasión.
Vuelves a condenar aquella noche, aquella risa,
aquella que suspira,
amor.
Y así es como es,
la espera se alarga, la sientes, la palpas.
Quieres aprender a correr,
echarle carrera a la vida
que no descansa ni se deja vencer,
aprende a reconocer
que lo que falta no es ella
sino el crecer.
Oscilan en la mecedora sueños tartamudos,
esperas el vuelo, el delirio, el deseo,
de la libertad...
Cuando sabes usar la mente
ya no necesitas el deseo impaciente
de echarte a volar.
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