
Tu sabes - dijiste.
Los dos sabemos - pensé.
Tus manos en los bolsillos, las mías... no lo sé
¿Qué quieres? - preguntaste.
Algo que no encontré en ti - pensé.
Ahora, te miro por el espejo retrovisor, no corres, no llamas, no gritas, no te mueves, no haces nada.
Esa era la respuesta que esperaba.
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