
Hablándole a la Luna me sentí testaruda
ella que todo ve, pero que nada advierte
rabia me da al verla tan tranquila
y su silencio constante me hiela los deseos.
Chorrean las ideas por mis oídos casi sordos
ideas incomparables, que casi tienen fondo
fondo infinito que existe,
fantásticos reflejos rotos.
Compiten mis ojos cansados
de tanto ver al sol ardiente
tanta luz aveces ciega,
lágrimas comparten leña.
Irreales imágenes tengo
de la Luna hablándome ahí,
rabia me da al verla tan tranquila
y pena al confundirla conmigo misma.
A veces es bueno estar tranquilo...
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