Aghata parecía perdida, dime si no eras ella, dime si no eras la Luna.

viernes, 12 de febrero de 2010

No soy el tipico vampiro


Ya estaba a punto de comprender las explicaciones que me estaba dando mi profesor particular de amor, y sonó mi celular.
Mi novia me preguntó donde me encontraba, que hacía y donde nos teníamos que juntar aquél día. Yo le respondí con un tono de voz relajado y sin apuros, con un toque de dulzura y bastante seguridad; “Hoy no nos podremos ver mi vida”.
Oí un suspiro del otro lado del teléfono. Se me pasó por la mente ese pensamiento que tantas veces ha camuflado mi miedo.
Me dijo; bueno amor, nos veremos pronto, ¿verdad?... – y respondí con un tono algo indeciso; por supuesto. Colgó al instante.
Me quedé en silencio tratando de recordar lo que había estado haciendo antes de contestar la llamada, y recordé. Comencé nuevamente a conversar telepáticamente con mi profesor. Mi tan preciado diario de vida. Pensamientos recorrían la habitación, llenos de sentimientos y sensaciones inimaginables, me sumergían en un estado de indiferencia, en un estado tan relajado, tan satisfactorio.
Nadie ni nada me podía explicar que era lo que me hacía sentir de ese modo. Yo mismo comenzaba a creer que me estaba volviendo loco. Ya que cada vez que me siento solo, sin apoyo o aburrido, sin planes, recurro a mi diario. Y dejo salir las sensaciones y palabras de mi mente, para luego comenzar a escribir.
Cerré los ojos y me detuve a tratar de encontrar la solución a ese hábito, que finalmente se convirtió en vicio. Ese que para algunos es el cigarro, para otros puede ser el trago, para mi es el escribir y dejar libre mis emociones, regalárselas al viento. Dejar mi corazón vacío, sin el nudo que muchos suelen guardar y retener.
Entonces llegué a la conclusión de dejar de escribir para siempre.
Días después de mi gran y difícil decisión, fui a visitar a mi novia, a mi futura prometida. Le quería dar una sorpresa. Ya que no nos hemos visto durante cinco días, que se me han hecho eternos, obviamente para ella aún más, le tenía un regalo, ese preciado regalo que las mujeres tanto añoran, el anillo de compromiso.
Ya iba a dos calles de su casa, cuando me topé con mi mejor amigo de infancia. Nos teníamos tantas cosas que contar.
Entonces nos sentamos en una banca que hayamos cerca, dentro del parque.
Y comenzamos q conversar sobre nuestras autenticas vidas. un revoltijo de palabras y risas salían de nuestras bocas.
Entonces me pregunta; ¿que andas haciendo por acá?, y le respondí con la verdad; vengo a ver a mi polola, que vive a dos calles de aquí. Le pediré que sea mi esposa; le confesé.
No sé porque al decir la última frase se me hizo un nudo en el estómago. Y mi mirada se puso de un modo mas tierno.
Mi amigo me dijo; se te nota en la mirada lo enamorado que estas por esa mujer, por lo que te conozco debe de ser guapa y bastante afortunada de tenerte a su lado.
Le sonreí, y le dí un abrazo, de esos apretados, que nos solíamos dar.
Luego nos dimos la mano, y nos despedimos.
Yo me quedé unos 5 minutos mas sentado en la banca ensayando el modo de cómo le iba a pedir matrimonio a Laura.
Dejé de lado por un momento mis nervios y retomé los planes que había hecho para esa tarde.
Llegué a la casa de mi futura esposa. Toqué el timbre, ella salió a recibirme con sus ojitos brillosos completamente verdes que me hacen suspirar junto con su mirada coqueta pero llena de amor.
¡Mi vida!, y esta sorpresa, ¿porqué no me llamaste antes de venir?; dijo.
Me quedé calladito, la miré a los ojos, luego sus manos, le di un beso en su nariz, y le entregue el tan preciado anillo de compromiso, junto con una invitación a cenar en el mas lujoso restaurante de la cuidad.
Se puso contentísima, sus ojos brillosos, brillaban aún mas con la noticia, incluso calló una lágrima por una de sus mejillas, allí supe, que era un si.
Me dio un beso, uno de esos que al final te terminan robando el alma.
En éste caso, fue casi literalmente.
Sentí que yo robaba cada uno de sus sentimientos, cada una de sus ilusiones y fantasías. Sentí la misma sensación la misma satisfacción que sentía al escribir.
Luego de ir a cenar con mi prometida e irla a dejar a su casa, me duché y acosté en el sofá.
Me preguntaba que era lo que me estaba pasando. Segundos después me quede dormido.
Al día siguiente sentía una necesidad inmensa de abrazar, de besar o de incluso tener una conversación sobre amores o tal vez desilusiones con alguien. Necesitaba sentir aquella satisfacción, esa sensación indescriptible que me da absorber las emociones del resto.
Se suponía que con dejar de escribir terminaría de sentir esa extraña sensación de satisfacción y plenitud. Ese tipo de relajación que te hace llegar hasta las nubes o mas allá, hasta las estrellas; Pensaba.
Entonces me autodenomine vampiro, un vampiro de sentimientos, emociones y distintos tipos de sensaciones.
Hasta el día de hoy me pregunto que hacer con esta “enfermedad”, con este vicio que me mata. Ésta necesidad de tener contacto físico u alguna conversación con todo el que me rodea.
Camino por las calles inquieto, con hambre, hambre de sensaciones.
Hasta el momento la única fuente de sentimientos que tengo es mi prometida. Por eso la amo. Puede sonar interesado, pero es la verdad.
Aunque, eso es lo que hace que la ame cada día mas, es lo que me enamora. Además de esos bellos ojos, esa hermosa sonrisa y sus suaves manos, es el cariño y amor que me entrega.
Es por ella que aún sigo con vida, ella es mi vicio, ella es mi droga, ella es la culpable de mi “enfermedad”, ella es quien me convirtió, en éste, no tipico vampiro, que soy ahora.

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